QUE ME PERDONE LA SOCIEDAD PERO YO NO SE COCINAR
- Renatta Casale
- 23 feb
- 4 Min. de lectura

Nunca aprendí a cocinar, a hacer compras, procesar alimentos, organizar un menú, ni siquiera hornear galletas de navidad o una torta de cumpleaños. Desde que empecé a vivir sola hice algunos intentos, y fui perdiéndole el miedo a ir al supermercado.
Estando soltera lograba tener cosas sencillas en la despensa y de alguna manera “sobrevivía”, sin embargo desde que tengo mi propia familia y soy “Ama de Casa” me volví un ocho con esto, pues no solo intento hacerme cargo de mi alimentación sino la de mi hija y la de mi esposo: desayuno, almuerzo, cena y meriendas para tres personas 7x24, lo que equivale a 105 comidas a la semana o 420 al mes. No quiero decir que yo las haya hecho todas, sino que manejo la teoría de que sería lo conveniente y me esfuerzo en que así ocurra, además con el deseo de que sean nutritivas, variadas y agradables. Esto no solo implica la mera preparación, estamos hablando de salir a hacer las compras, seleccionar los productos, “encontrarlos”, traerlos a casa, organizarlos en la despensa y en la nevera. Luego, es que empieza lo de preparar cada ocasión, incluyendo loncheras y servir la mesa. Posteriormente, lavar platos y organizar todo de nuevo.
En momentos lo he logado y en otros tantos no. He promovido cientos de salidas a comer (con la consciencia diciéndome que es incorrecto), he comprado comida fuera, he hecho de todo. He pedido ayuda, he intentado aprender, pero más allá de darme cuenta de que NO SÉ, también descubrí que no tengo talento para aprender este oficio.
Esta montaña rusa de intentos fallidos, expectativas frustradas, enjuiciamientos, y varios etcéteras de autoflagelación, los he visto reflejados en mi estado de ánimo, mi peso corporal, mi energía y el poquísimo desarrollo de mis proyectos personales y creativos, todo a veces está en los estándares más altos, a veces en los bajos, a veces en el medio. Pero ayer, en una conversación franca y profunda conmigo misma, comprendí que esto nada tiene que ver con saber cocinar o no. Tiene que ver con el incuestionable compromiso en el que vivo con “lo establecido socialmente” y desde ahí se me abrió un mundo, que quiero compartir contigo.
Lo establecido socialmente me lo vivo en la gestión de mi hogar, en la admiración familiar, en la concepción del futuro, en la evaluación del pasado, en la crianza de mi hija y en todo ese sistema de conversaciones con el que construimos un presente lleno de exigencias y expectativas.
Creo que los seres humanos hemos construido una convivencia social que nos tiene muy jodidos, suponiendo que “debemos” saber de todo lo necesario para construir familias, carreras profesionales, figuras, estilos, en fin, patrones de revista. Además de revistas especializadas, es decir, siguiendo estilos particulares, donde hasta para ser irreverente hay que seguir el manual. Obvio que esto no lo meditamos, ni lo diseñamos, simplemente “ocurre”. Bueno, al menos a mí me ha ocurrido en distintas etapas de mí vivir.
En adelante, aunque hablaré desde mi ser mujer, quiero dejarte claro que estoy en el supuesto de que los hombres también deben estar padeciendo consecuencias de nuestros ritmos y lógicas sociales. Sin embargo, te hablo desde mi propia experiencia femenina, desde lo que a mí me pasa y encuentro en esto de ser una mujer plena, pero tratando de cumplir con lo que supongo es “el deber ser”.
Desde que soy mamá estoy tratando de poder estar para mi hija y ser productiva a la vez, hasta ahora no lo he logrado, o puedo con uno o con lo otro, y las poquísimas ocasiones que he conseguido ambos termino hecha un desastre física o emocionalmente, pues alcanzar aquello ha correspondido a que me abandone por completo. Así que ayer en medio de esta conversación sincera me di cuenta de que o cedía al “deber ser” en silencio y en paz, aceptando “que las cosas son como son” o me arriesgaba a abrir nuevos caminos y explorar posibilidades.
Yo lo que sí sé es: Alimentar El Alma

Me preguntaba dónde están mis talentos, qué sí sé hacer y me di cuenta que había un alimento que sabía preparar a la perfección, que sabía experimentarlo y sentirlo, un alimento que cuando me he rendido ante él, incluso he sabido como alimentar el cuerpo y al sistema donde habito. Yo lo que sí sé es: Alimentar El Alma.
Alimento mi alma escribiendo, escuchando lo que hay en mí ser y desbordándolo a través de mis dedos, alimento mi alma siendo arte, creando. Alimento mi alma danzando y aunque esto último, apenas lo estoy descubriendo creo que está siendo el poder que me está liberando hacia mi propio camino, atrevido y quizás riesgoso, pero mi propio camino.
Ser madre me ha llenado de dudas, me ha hecho rendirme ante “lo que parece convenir”, pero estoy empezando a considerar que lo mejor que puedo tener para mi hija es apostar a mi propio talento, a mi SER CREATIVA, SER ARTISTA y a vivir mi elección con su presencia plena.
Muchas veces he tratado de que mi hija no se dé cuenta de que en el fondo puedo ser más niña que ella, es como si cargara sobre mis hombros un mandato pesado y contundente que dice COCINA, GESTIONA EL HOGAR Y TEN UN TRABAJO CORRECTO. ¡HA! Y NO TE OLVIDES DE SONRREIR TODO EL TIEMPO.
Me encantaría saber si a ti ¿te ha paso algo similar, si tu has logrado equilibrar el sentido de tu vida, si vives tus talentos con gallardía o mejor aún, si has logrado vivir de ellos?
Yo por este lado te iré contando de este camino, atrevido, rebelde y muy liberador y las posibilidades que voy encontrando en él. Tener esta nueva visión se presenta como el mejor lienzo para esta artista que pretendo alimentar día tras día a partir de hoy, con toda la pasión de mi ser, de mi alma y mi siendo mujer.
Enero de 2016
Con Amor
Renatta
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